El Centro Cultural Universitario: Espacio arquitectónico que conjuga el arte y la naturaleza

By visitasccu

En la década de los setenta la UNAM promovió en la zona sur de Ciudad Universitaria la construcción del Centro Cultural Universitario, conjunto de edificios que pretende proporicionar a la comunidad universitaria y al pueblo de México, recintos apropiados para la difusión de la cultura.

El Centro Cultural Universitario está integrado por la Sala de conciertos Nezahualcóyotl, el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, el Foro Sor Juana Inés de la Cruz, la sala de música de cámara Carlos Chávez, la sala de danza Miguel Covarrubias, las salas de cine Julio Bracho y José Revueltas, el Centro Universitario de Teatro y la Unidad Bibliográfica en cuyo costado se encuentran el Paseo de las Esculturas y el Espacio Escultórico.

El grupo de arquitectos encargado de la realización de los edificios entre 1976 y 1985, tuvo como proyectistas principales a Orso Nuñez y Arcadio Artis Espriú, quienes concibieron una obra de carácter monumental y de gran trascendencia para la cultura. Específicamente, por tratarse de una propuesta arquitectónica —sin precedente alguno en el ámbito cultural universitario—, en la que, cada una de las manifestaciones artísticas, como ya se mencionó, cuenta con un espacio idóneo para su ejecución. Además, para su ubicación se respetó, en lo posible, la topografía agreste del lugar obteniendo así un marcado contraste entre las formas naturales y las formas creadas por el hombres.

La sala Nezahualcóyotl fue el primer edificio construido, después surgieron los teatros que constituyen un segundo bloque de construcciones; el tercero está integrado por las salas de cine, las salas de danza y de música de cámara así como el área destinada a los servicios: la cafetería “azul y oro” y la librería “Julio Torri”. Este tercer bloque habría de redondear el proyecto para formar un verdadero conjunto arquitectónico, con él cobró sentido la plaza, lugar intermedio que estableció el nexo con los teatros y con el recinto para música, asimismo un andador que conduce al Centro Universitario de Teatro y Unidad Bibliográfica.

La creatividad escultórica es también una de las constantes en este lugar, donde la vegetación y el suelo volcánico fueron aprovechados por seis artistas: Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Mathias Goeritz, Hersúa, Sebastián y Federico Silva. Todos ellos exponentes de la corriente plástica denominada Geometrismo estético, quienes otorgaron con sus obras individuales y colectivas unidad visual al conjunto arquitectónico. De las primeras destacan el Paseo Escultórico y las Serpientes del Pedregal; de la segunda, el Espacio Escultórico.

Cabe señalar la importancia que cobran las esculturas abstractas, ya estén próximas a los edificios o que formen parte de ellos; uno de estos ejemplos es la escultura de Rufino Tamayo, ubicada en el acceso principal, mejor conocida como “La espiga”, cuya imagen y leyenda ya se han convertido en el símbolo de la Coordinación de Difusión Cultural; instancia administrativa que se encarga de materializar las diferentes actividades artísticas que se realizan en este Centro, de aquí, la pertinencia de su sentencia: “La Universidad, germen de Humanismo y Sabiduría”.

El Centro Cultural Universitario es hoy, una de las mejores muestras de la arquitectura mexicana contemporánea y el proyecto cultural más ambicioso que se haya llevado a cabo en nuestra Universidad.

Susana Bautista Cruz

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